viernes, mayo 04, 2007

Coherencia y cohesión

Hilde Adolfo Sánchez F.

No me quejo de la formación que me dio el pedagógico pues, entre muchas cosas, la visión del inglés y del castellano me permitió valorar de una manera distinta lo aprendido del latín (aplicado después con mis alumnos de latín y griego en el Pepe Coloma de Cubiro) y me dio una base para disfrutar tanto la lectura como la escritura. No obstante, también aprendí, que el estudio de la lengua no es un campo exclusivo de los lingüistas. Las implicaciones son tantas y su “conocimiento” es tan relativo que su dominio estructural (externo) no es garantía del dominio de todos sus efectos e implicaciones.
Sin lugar a dudas que con lo lingüístico, el hablante pone en práctica todos sus conocimientos sobre la lengua pero “el discurso forma parte de un evento de comunicación y existe una estructura interna que incluye los mensajes, temas o tópicos que pueden ser presentados en enunciación, narración, descripción o argumentación”. (Molero de Cabeza, L., Franco A. y Vieira Lenita (2006) Estudios del Discurso en Venezuela, 17-32).
La coherencia y la cohesión son sencillos ejemplos de lo complejo que es el estudio del idioma. Se dice con frecuencia que la coherencia es una propiedad del texto, de naturaleza pragmática, en el que se le concibe como una unidad de sentido global (no debe haber contradicción de los hablantes, ni entre ellos, sobre lo que se está diciendo). La coherencia y la cohesión pueden ser reconocidas, entonces, como propiedades textuales o pragmáticas, resultado de la interacción emisor-texto-destinatario. Como diría Teun A. van Dijk “la noción de pragmática usada un tanto general y vagamente para denotar estudios sobre la acción, interacción y las relaciones entre los participantes del habla” http://www.discourses.org/beliar-s.htm .
La coherencia puede ser entendida coma la no contradicción en los textos que expresan, dentro de una unidad, alguna idea, algún tema; pero también hay coherencia cuando las ideas o temas que se expresan pueden ser aprehendidos por los lectores o interlocutores. Con frecuencia el lector incorpora a un texto más de lo que el escritor ha producido. El lector o interlocutor calificará un texto de coherente o incoherente, pero la responsabilidad puede ser tanto del escritor-expositor como del lector-interlocutor. Un texto perfectamente coherente para un grupo puede resultar incoherente para otro. Se comprueba que el nivel referencial incluye el mundo de la realidad susceptible de ser aprenhendido por los hablantes y de ser expresado mediante el discurso de un autor. El uso inapropiado de los tiempos, de la concordancia y la confusa ubicación de quien escribe, evidentemente trastorna la coherencia, pero también el confuso tratamiento de las ideas o temas (lo referencial, lo conceptual, lo lingüístico y lo discursivo están en juego)
Con la cohesión, los textos pueden presentarse como unidades imbricadas mediante diversos mecanismos de orden gramatical, léxico, fonético y hasta gráfico. “El emisor busca la cohesión y el destinatario la puede reconocer, y se materializa en guías puestas en el texto por aquél a disposición de éste, con el fin de facilitarle su proceso de comprensión. Para ello se recurre a tres grandes tipos de mecanismos lingüísticos: la referencia, la progresión temática y la conexión. Estos establecen relaciones entre diversas unidades de la superficie del texto (palabras, frases, párrafos, enunciados, etc.)” (http://cvc.cervantes.es/obref/diccio_ele/diccionario/cohesion.htm )
Tienen mucha razón quienes pregonan que no puede haber coherencia sin cohesión ni cohesión sin coherencia, aunque la cohesión luce como un recurso más inherente al texto; mas de qué sirve un texto con coherencia si carece de unidad, si es disperso. Algunos autores afirman que la coherencia es necesaria en todo trabajo escrito para lo que existen ciertas “expresiones o frases de transición” que sirven para lograr o facilitar el encadenamiento entre las oraciones y los párrafos y hasta las clasifican según la función que realizan. Por ejemplo, en http://www.uprh.edu/~dgonzal/ se enumeran: unir (y, e, ni, también, asimismo, entonces, de igual importancia, de igual modo, así como, en realidad); contrastar (pero, mas, no obstante, sin embargo, por otra parte, a pesar de, por el contrario, en cambio); comparar (de igual manera, en forma similar, de igual modo, como, así como, tal como, igual, mejor, peor, ) causa ( porque, pues, ya que, de modo que); consecuencia (luego, así que, con que, de modo que, tan... que, tanto... que, por tanto, por lo tanto, por consiguiente); ejemplos (tal o tales como, en otras palabras, es decir, o sea, a continuación, por ejemplo, a saber); excluir (o, u, ya…ya, ora...ora); enumerar (en primer lugar, en segundo lugar, primero, segundo, tercero); propósito (para que, con el fin de que, con el propósito de, con la finalidad de..); restricción (aunque, si bien, por más que, a pesar de que..); modo (como, según, conforme, de modo que, de manera que..); tiempo (cuando, desde que, antes de que, mientras, a medida que, tan pronto como.); lugar (donde, adonde, de donde, por donde).
Éstas y muchas otras conexiones existen en el idioma como recursos (sin dudas, las uso) que pueden ser utilizados para darle al texto cohesión (a veces aparente), pero que jamás deben ser de uso obligado, salvo como ejercicio para quien está aprendiendo o enseñando. Quien utiliza u obliga el uso de la conexión lingüística y olvida la progresión temática, así como la referencia genera un daño inconmensurable a la ciencia y al arte.
Por mi trabajo como docente, tutor, miembro de jurados, pero sobre todo como lector observo que lamentablemente se está creando una especie de rosario disfrazado de “cientificidad” en el que textos incoherentes y carentes de unidad son acicalados con una retahíla de conectores: Asimismo hemos tenido en nuestras manos textos maravillosos con coherencia e indudable cohesión (por referencia o por progresión temática) que han sido destrozados pues algún “formulero”(típico del positivismo) consideró que debían agregársele algunos cuantos conectores, especialmente al comienzo de cada párrafo. Una retórica grotesca se está multiplicando y el arte se aleja cada vez más de los textos científicos. Se olvidan que más allá de las relaciones gramaticales están las relaciones semánticas. Una cosa es la hermosa ampliación que se está dando en el estudio del lenguaje, en el estudio del texto, del discurso por las más diversas disciplinas y otra que se pretenda simplificar la expresión idiomática, la composición, en una receta lingüística de sujetos más predicados, sustantivos con adjetivos, verbos con complementos, etc. como huecas obligaciones retóricas olvidando el real sentido y uso de la lengua y ni hablar del nivel conceptual referido a la intención y propósito del autor, del científico, del compositor.
En este insípido cascarón que se está construyendo se están pisoteando la verdadera cohesión y la verdadera coherencia, tomando en cuenta que todo esto responde a una racionalidad (cognitiva y metacognitiva) en la que aparentemente no hay espacio para la emoción, para la intuición, ni para las percepciones sensoriales. Se habla mucho del inseparable dueto arte-ciencia pero sin un verdadero y original espacio para lo primero.